Su localización hace que el público que lo visita vaya a propósito, no se llega por casualidad. Y existe un público fiel que acude no sólo por el reclamo de la banda que toca (que conste que esto no nos quita mérito...), sino por la certeza de que la trayectoria de este local garantiza que habrá ambiente acogedor, aficionados a la buena música y ganas de descubrir momentos inesperados.
Óscar nos lo hizo todo fácil, desde el momento en que nos conocimos virtualmente hasta las pizzas post-concierto y la despedida. Junto con Felipe gestionan un local que fomenta la integración inmediata de los músicos con la audiencia, incluso cuando ésta, en un día festivo como era en Burgos, incluye a jóvenes de 7 a 80 años.
A todos nuestros jóvenes amigos de Burgos, a Óscar y a Felipe, ¡badengracias!

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